Para los mayas la imagen del infierno no era como la representación del infierno cristiano, ya que para ellos no era un castigo el terminar ahi, sino que, por el contrario era una oportunidad, porqué estarían cerca de sus dioses que vivían en aquel sitio. De hecho es bien sabido, que el suicidio para los antiguos mayas era bastante popular y le rendían tributo a la diosa Xtab (diosa de la cuerda o del suicidio).
En el Popul Vuh, el libro sagrado de los mayas, está descrito el origen del universo, del hombre y también del inframundo maya, es decir, del Xibalbá. En este libro es donde se narra la mítica leyenda de los hermanos gemelos Hunahpu y Xbalanque que descienden al inframundo y son retados por los señores del Xibalbá a un juego de pelota y a una serie de desafíos del cual dependía su vida. Estos Señores de Xibalbá estaban ordenados en el inframundo maya por jerarquías y su apariencia era casi siempre cadavérica, oscura, y representaban el polo opuesto a la vida: por ello mismo fungían como el equilibrio entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Hun-Camé (Uno-Muerte) y Vucum-Camé (Siete-Muerte) eran los dioses principales del Xibalbá, pero la figura principal era, sin duda alguna, Ah Puch, también llamado Kisin o Yum Kimil, el Señor de la Muerte, también llamado “El flatulento”. Los mayas les rendían culto y hacían sacrificios humanos en su honor.
Según el Popul Vuh, existían en el Xibalbá varios nieveles, en el superior estaba el paraíso de la ceiba, Yaxché, el árbol sagrado de los mayas un lugar de deleites y más abajo se ubicaba el Mitnal, en donde el alma desaparecía. El primer nivel era la Casa oscura rodeada por completo de tinieblas, después continua la Casa del frío, donde un viento gélido llenaba cada rincón de su interior, le sigue la Casa de los jaguares, repleta de salvajes jaguares que iban de un extremo a otro, la siguiente es la Casa de los murciélagos, protegida por el terrible Dios Camazotz, luego se encuentra la Casa de los lanzas, y la Casa de las Brasas, donde se encontraba todo ardiendo en llamas. Es en estos Lugares donde los héroes tuvieron que pasar las crueles pruebas con las que los doce señores del Xibalbá intentaron matarlos.
Los mayas creían que todo hombre y mujer que muriera viajaba al Xibalbá, por ello en sus ritos funerarios se le daban agua y alimentos al muerto para que a que su alma no le faltaran provisiones en su inminente viaje hacia el siniestro Inframundo.
El primer momento que aparece descrito Xibalbá dentro de Popol vuh es cuando los héroes míticos Hun hunahpu y Ucub Hunahpu, inician su camino hacia el tenebroso inframundo tras ser convocados por los temibles señores de Xibalbá. Los héroes descendieron hacia las profundidades del inframundo y tras cruzar este “portal” en el mundo natural lo primero que se encontraron los héroes fue un río de sangre. La narración cuenta como atravesaron la corriente hasta llegar a un segundo río, este de pus. Estos dos elementos, la sangre y la pus significan el fin de la vida y la decadencia del cuerpo humano. Los héroes mayas logran ganar y engañar a los temibles señores del Xibalbá, y de esa forma logran cumplir la venganza que prometieron tras el asesinato de su padre.
Pero la derrota de los señores de Xibalbá no significa el fin del Xibalbá ni de los males que representaba este espacio sobrenatural, sino la superación de los males por parte de los personajes míticos. Los señores no dejan de ser representaciones de los miedos y males que afectaban a los mayas de la época y su derrota legendaria no es más que una pequeña victoria mental ante una problemática sin solución real en aquel momento.
Los mayas creían que la entrada hacia el Xibalbá eran los Cenotes, que fungían como portal hacia la morada de los Dioses; por lo que esa era la razón principal que los cenotes eran los lugares sagrados para realizar los sacrificios. Además de que funcionaban como oráculos. Así que el Xibalbá, aunque es un espacio en el que hay muertos y castigos, no es un lugar en el que estos sean torturados por sus pecados. De hecho, el concepto de “pecado” no tiene un equivalente en la cultura maya.
Los cenotes eran considerados el portal hacia el Xibalbá, la morada de los Dioses mayas.