En la cosmogonía maya había un panteón enorme de dioses que requerían sacrificios y a cambio otorgaban beneficios como un buen cultivo o la lluvia en época de sequía, también se pedían deseos como virilidad o una vida próspera. Para la mentalidad maya no existía un paraíso al cual ascendieran las almas o un infierno en el que se les condenara, si no que el espíritu fluía a través de una Ceiba.
El universo estaba simbólicamente representado en este árbol, las ramas representaban los 13 cielos y el tronco era lo que conectaba estos con el inframundo en las raíces de la ceiba. Entonces el tronco era lo que representaba el plano terrestre, el lugar en que habitaban los hombres.
Los dioses estaban siempre atentos a lo que los hombres estaban haciendo y por eso era importante poder estar en buenos términos, por eso que valoraban los canales de comunicación que consideraban lugares sagrados: los cenotes. Ya que el agua era fuente de vida y el agua dulce es un recurso limitado en la zona por la falta de ríos o lagos, para los mayas eran la fuente de vida que proveían los dioses, al igual que eran un canal para comunicarse con el reino de los espíritus (Xibalbá), que también podemos entender como inframundo.
Los cenotes eran lugares sagrados y espacios espirituales donde se llevaban a cabo diferentes rituales, algunos de relajación y otros enteramente religiosos como los sacrificios con la finalidad de reverenciar a los dioses o de agradecer peticiones que ya hubieran realizado.
El inframundo se llamaba Mitnal y tenía niveles también, que eran espacios donde el alma de un hombre, al morir, tenía que pasar por diversas pruebas para poder finalmente trascender. Pese a que el inframundo era reinado por los dioses de la enfermedad y de la muerte, para la cultura maya no había una perspectiva pesimista en ello, no lo percibían como una especie de castigo o condición, si no como partes de la vida misma que eran naturales y debían ser aceptadas como parte del orden natural de las cosas.
La vida de los mayas como cultura está llena de cosas interesantes, pero quizás una de las piedras angulares de todo relato sea la Ceiba, porque representa la vida con su tronco, protagoniza leyendas como la de la X’tabay, típica de la zona, y también es parte importante de la herbolaria regional puesto que sus espinas, corteza y savia sirven para curar malestares estomacales y remediar la fiebre, entre muchas otras virtudes.
Este concepto de inframundo apropiado en el Mitnal también existía de forma muy similar en lo que la cultura quiché conocía como Xibalbá. ¿Habías escuchado alguna de estas palabras? Te damos un tip, en la película el Libro de la Vida aparece un personaje llamado Xibalbá, ¿recuerdas quién era y qué lo caracterizaba?