En las corrientes más modernas de la arquitectura y el diseño de interiores ha cobrado mucha fuerza el concepto ecológico, sea en cuanto a los materiales o a la disposición de los elementos, pero en el sector inmobiliario también se puede innovar al respecto y no solamente dejando las llamadas áreas verdes en las que puede o no crecer vegetación de acuerdo con el plan de desarrollo para la construcción.
Claro que no corresponde únicamente a las grandes corporaciones, esto se puede hacer desde pequeño con un huerto urbano, lo que va a ser diferente es el tamaño que se puede alcanzar, pero a un individuo nada le impide cultivar alguna hortaliza en su propio domicilio. De hecho entre los sembradíos domésticos más comunes están la lechuga, el cilantro, la hierbabuena o incluso el apio porque no consumen demasiado espacio ni mantenimiento, además de que son de uso muy común y resulta práctico tenerlos a la mano cuando se está cocinando.
El origen de los huertos urbanos fue durante la Revolución Industrial porque representaban una forma de garantizar el abasto de comida sin depender de las importaciones, con el tiempo se ha transformado en una forma hasta terapéutica de pasar el tiempo mientras se hace algo que es productivo y educativo al mismo tiempo. Entre los beneficios que tiene el ser parte de un huerto urbano está el obtener alimentos sanos, nutritivos y sabrosos que son libres de pesticidas y para las personas vegetarianas, veganas o que llevan alguna alimentación especial es perfecto porque tienen completo control sobre lo que estarían consumiendo, es decir, crean consumidores más responsables y exigentes con la seguridad, generando soberanía alimentaria al poder elegir qué y cómo se come, y su proceso.
A los huertos urbanos también se les llama jardines comestibles porque esa es la finalidad, puede consistir en cualquier tipo de plantío que las dimensiones y condiciones ambientales permitan, como cilantro hasta árboles de naranja, siempre que se encuentren como una forma de agricultura casera y no ampliamente difundida con finalidades comerciales, donde se aprecia más la cantidad que la calidad del producto final. En un sentido vecinal ayuda a la socialización porque permite compartir una responsabilidad con los otros habitantes de la zona y brinda una satisfacción el saber que se va a comer algo que resultó gracias al esfuerzo de todos, y para los niños es particularmente importante porque les genera un conocimiento esencial sobre la paciencia a la vez que les enseña los tiempos que tardan en darse los diferentes frutos.
Para el ambiente es favorable también el que se hagan jardines comestibles porque al cuidar de ellos se reduce la contaminación invirtiendo los recursos orgánicos que suelen desecharse como una forma de abono, siempre que sean tratados correctamente antes de mezclarse con la tierra y purifican el aire, generando humedad y frescura, además de que si se plantan cosas grandes como árboles evita el riesgo de inundación por sus raíces.
En términos de paisajismo también aportan a la planeación porque aumentan la calidad de vida de las personas que viven alrededor, pues aportan color y vegetación que viven en perpetuo cambio, enriqueciendo la imagen con una construcción compleja de formas y figuras que sirve de transición entre el tejido urbano y las áreas verdes. Como el proceso de crecimiento de las plantas es lento es común que los huertos urbanos sean áreas de aprendizaje y meditación espiritual, como de terapia para las personas con problemas mentales o físicos.
¿Conoces muchos desarrollos residenciales que cumplan con los estándares para incluir un huerto urbano en su oferta comercial? ¿Sabes de alguien que tenga su propio huerto? Incluso puede ser un cultivo hidropónico, ¿habías escuchado de ellos?